Vesre que te quiero vesre

Vesre que te quiero vesre

Diego Varela Villafranca

¿Te suenan los términos coloquiales breón, choborra, choma, colo, dogor, fercho, mionca, rioba o zapán? ¿Y novi, grone, cofla, tacuen, chobi, noerma, zabeca, jermu o cromi? Si eres de España, difícilmente entenderás alguno, pero, si por fortuna hablas cualquiera de las variedades americanas del español, lo más probable es que conozcas muchas de estas palabras o puedas con facilidad descifrar su significado. Porque todas estas voces se han generado mediante vesre, esto es, mediante un procedimiento de creación de palabras consistente en la alteración intencionada del orden de las sílabas o de los sonidos silábicos.

Vesres, jerigonzas y trasposiciones

El vesre es un recurso atestiguado en varios idiomas (el back slang inglés, el verlan francés o el podaná griego son algunos de sus representantes) y originario del habla de los sectores marginales. Y es que la aparente opacidad de los significantes modificados por vesre encaja a la perfección con el carácter elusivo de la jerga, ese «código entre dos para que no se entere un tercero», como atinadamente definía Eduardo Pérsico el lunfardo. El propio nombre del recurso es icónico, pues se ha creado mediante la alteración del orden silábico de la palabra revés (es decir, es un vesre de revés), un patrón que también se ha seguido para el francés verlan (de l’envers, acortamiento de parler à l’envers ‘hablar a la inversa’) y el griego podaná (de anápoda ‘inverso’). No obstante, habría que señalar que en nuestra lengua no siempre se conoció este procedimiento como vesre (un nombre relativamente reciente), pues ya en 1737 Gregorio Mayans lo llamaba «jerigonza», mientras que Nicolás Fernández de Moratín (hacia 1777) y Rafael Salillas (1896) lo denominaban «trasposición».

La España que se metía doto un taplo entre chepo y espalda

A pesar de que el recurso ya no se emplea en España, su uso se atestigua en autores españoles desde el Siglo de Oro hasta al menos finales del XVIII. Por ejemplo, en 1588 hallamos en Lope de Rueda este pasaje: «Yuta drame a roquido dotos los durbeles» —es decir, ‘tuya madre ha recorrido todos los burdeles’—; y hacia 1777 el ya citado Moratín escribía lo siguiente: «Ni tampoco tu boca obscena diga, / si no es [en] muy precisa coyuntura, / jocara, derjo, nescojo ni ñoco, / (trasposición se llama esta figura)», estrofa cuyo tercer verso recoge las formas vésricas de carajo, joder, cojones y coño. Además de este uso literario, el empleo del vesre en España se daba sobre todo, como he dicho antes, en los sectores marginales, de lo que da buena cuenta el Vocabulario de los Romances de germanía de Juan Hidalgo (1609), donde pueden encontrarse voces como taplo ‘plato’, greno ‘negro’ o chepo ‘pecho’.

Sobre grenos y grones o la realización del vesre

Sin entrar en detalle en todas las posibles materializaciones del vesre, sí habría que indicar que, por norma general, si la palabra originaria cuenta con dos sílabas, la forma vésrica suele obtenerse mediante el simple intercambio del orden silábico (p. ej., grone ‘negro’ o zapán ‘panza’), pero en ocasiones la solución consiste en intercambiar solo los sonidos consonánticos, pero no los vocálicos, como sucede en los antes citados taplo, greno y chepo. Si la palabra original tiene más de dos sílabas, se ofrecen diferentes soluciones, como se observa en el orden silábico elegido para daqueri ‘querida’ (1-2-3 > 3-1-2) frente a dorique ‘querido’ (1-2-3 > 3-2-1). En ocasiones se modifica ligeramente el esquema descrito, pues, aunque se mantienen todos los sonidos de la palabra original, se altera la correspondencia silábica, como se observa en voces como brame ‘hembra’, chomita ‘adolescente’ (de machito), cirunta ‘cintura’, daquier ‘querida’, dolobu ‘boludo’, joevi ‘viejo’ o zolcilloncas ‘calzoncillos’. Incluso puede darse el caso de que el resultado final no tenga correspondencia plena con el término de partida, como se ve en los argentinismos yoyega ‘gallego, español’ o yorugua ‘uruguayo’.

Por último, quiero destacar como curiosidad que la diferenciación de las formas femeninas y masculinas de un término con moción de género se focaliza ahora al comienzo de palabra (dogor ‘gordo’ frente a dagor ‘gorda’). Además, en sentido contrario, se produce una cercanía alfabética entre aquellos términos que disponen de la misma sílaba final originaria, como drema ‘madre’ y drepa ‘padre’.

Ejemplario vésrico

Para mostrar la pujanza de este fenómeno, ofrezco un catálogo de ejemplos procedentes sobre todo de Argentina y Perú, pero también de Bolivia, Chile, Ecuador, Honduras y Uruguay. Pese a su aparente amplitud, hay que advertir que se trata de una muestra muy reducida en relación con el número de casos de vesre que se documentan hoy en día en América:

bellompa ‘pabellón (de una prisión)’, brame ‘hembra’, breón ‘hombre’, checo ‘coche’, chele ‘leche’, cheno ‘noche’, chobi ‘bicho’, choborra ‘borracho’, chochamu ‘muchacho’, chodere ‘derecho’, choma ‘macho’, chomita ‘adolescente’, choe ‘hecho’, cirunta ‘cintura’, cofla ‘famélico, muy flaco’, colo ‘loco’, cromi ‘microbús’ (de micro), dagor ‘gorda’, daqueri o daquier ‘querida’, dobolu y dolobu ‘boludo’, dogor ‘gordo’, dope ‘pedo, ventosidad’, dorima ‘marido’, dorique ‘querido’, drema ‘madre’, drepa ‘padre’, esnaqui ‘esquina’, fercho ‘conductor de transporte público’ (de chofer), gomán ‘mango’, gomía ‘amigo’, gonca ‘cagón’, grone ‘negro’, grongui ‘gringo’, japi ‘pija, pene’, jaraba ‘baraja’, japende ‘pendeja’, javie ‘vieja’, jermu ‘mujer’, jeropa ‘pajero, pajillero’, joevi ‘viejo’, jonca ‘caja para botellas de licor’ y ‘ataúd’ (de cajón), mionca ‘camión de gran tonelaje’, noerma ‘hermano’, noma ‘mano’, novi ‘vino’, ñoba ‘baño público’, ñoca ‘caño’, ñocorpi ‘corpiño, sostén’, ñoricompa ‘compañero’, ñorse ‘señor’, rioba ‘barrio, distrito’, roca ‘automóvil lujoso’ (de carro), rope ‘perro’, sope ‘peso, unidad monetaria’, tacuen ‘factura’ (de cuenta), tefren ‘frente, al frente’, tegen ‘gente, chusma’, telo ‘hotel para encuentros sexuales ocasionales’, timbo ‘botín, zapato’, tomuer ‘muerto’, topu ‘puto’, topún ‘punto’, trompa ‘patrón, vovi ‘vivo, astuto’, yorugua ‘uruguayo’, yoyega ‘gallego, español’, zabeca ‘cabeza’, zalipa ‘paliza’, zapán ‘panza’, zapie ‘pieza, habitación’, zolcan o zolcán ‘calzón, bragas’, zolcilloncas ‘calzoncillos’ y zomo ‘mozo, camarero’.

Piezas de orfebrería

La confluencia de distintos procesos creativos de índole coloquial produce auténticas piezas de orfebrería, cuyos detalles debe seguir con cuidado el etimólogo para no errar en el verdadero origen de un término. Esto sucede con el argentinismo bobina ‘vivo, ventajista’, los bolivianismos colón ‘loco’, ropero ‘perro’ y telón ‘hotel para encuentros sexuales ocasionales’, así como con los peruanismos telaraña y telúrico, también ambos con el significado de ‘hotel para encuentros sexuales ocasionales’. En todos los ejemplos anteriores nos encontramos con homónimos parasitarios cuya base es una palabra creada por vesre, en concreto colo ‘loco’, rope ‘perro’ y telo ‘hotel para encuentros sexuales ocasionales’. Pero sin lugar a dudas el caso más llamativo es el peruanismo micaela ‘camisa’. Al rastrear su etimología, cabría pensar en una palabra surgida por eponimia y en alusión a un nombre de persona (una tal Micaela), según un modelo recurrente en la creación de voces del ámbito del vestido (chambergo, ros, cárdigan, leotardo, rebeca). Sin embargo, estamos ante un homónimo parasitario que se ha generado gracias a la superposición de tres procedimientos creativos coloquiales: el acortamiento (camisa > cami ‘camisa’), el vesre (cami ‘camisa’ > mica ‘camisa’) y, por último, la homonimia parasitaria (mica ‘camisa’ > micaela ‘micaela’).


Diego Varela Villafranca es licenciado en Filología Clásica (1988) y doctor en Lingüística (2016) por la Universidad Autónoma de Madrid. Desde el año 2000 trabaja como etimólogo y lexicógrafo en el Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española.

Puedes consultar su tesis sobre homonimia parasitaria en el siguiente enlace: https://repositorio.uam.es/handle/10486/671499.

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