Y LA BIBLIA (NO SIEMPRE) TENÍA RAZÓN

Y LA BIBLIA (NO SIEMPRE) TENÍA RAZÓN

La Biblia tiene razón muchas veces, pero no siempre. Os presentamos cuatro errores de traducción en la versión actual de la Biblia. ¡Con el servicio de traducción de SinFaltas esto no habrí­a pasado! 

Antes de nada, hay que saber que en el año 382 d. C. el papa Dámaso I encargó a Jerónimo de Estridón (conocido comúnmente como san Jerónimo, patrón de los traductores) realizar una versión en latí­n de la Biblia. San Jerónimo es así­ el autor de la traducción del hebreo al latí­n del Antiguo Testamento y de la revisión de la versión existente en latín del Nuevo Testamento, lo que dio lugar a la Vulgata, una traducción de la Biblia para el pueblo.

La Biblia es el libro más traducido en el mundo; sin embargo, ya sea por las diversas traducciones que se han hecho a lo largo de la historia, ya sea por la evolución del lenguaje y el significado de las palabras o verdaderamente por una equivocación, se considera que puede contener más de 1400 errores de traducción.

LOS CUERNOS DE MOISÉS

Seguro que habéis visto alguna vez a Moisés representado con cuernos en la cabeza. Sin ir más lejos, se puede ver en una de las esculturas más conocidas de Miguel Ángel. Sobre los cuernos de Moisés hay distintos rumores, pero el más conocido es que se deben a un error de traducción por parte del patrón de los traductores.

En el capí­tulo del Éxodo, 34:29-35, cuando se describe el rostro de Moisés en su descenso del monte Sinaí­, en el original hebreo se utiliza el verbo irradiar que tiene la misma raí­z que el sustantivo cuernos, por lo que en vez de traducirlo como ‘rostro resplandeciente’ se tradujo como ‘su rostro era cornudo’ («Quod cornuta esset facies sua»).

Puede deberse efectivamente a un error de traducción, aunque es muy probable que simplemente se deba a una variación del significado simbólico de los cuernos, cuya simbologí­a ha dado lugar a numerosos errores. Así­, en la Antigüedad clásica los cuernos simbolizaban poder, fortaleza y sabidurí­a, mientras que en la Edad Media se les otorgaba relación con el demonio. Esta evolución del significado asociado a la simbologí­a ha sido fuente de numerosos malentendidos e interpretaciones erróneas.

LA COSTILLA DE ADÁN

La historia de la creación y de Adán y Eva probablemente la hemos escuchado hasta la saciedad desde niños. ¿Recordáis cómo creó Dios a Eva? En el Génesis (2:21) podemos leer: «Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormí­a, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre».

El teólogo Matthew Henry dice al respecto: «La mujer fue hecha de una costilla del costado de Adán: no fue hecha de su cabeza para gobernar sobre él, ni de sus pies para ser pisoteada por él; sino de su costado para ser igual a él, bajo su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada». Esta explicación es muy conocida, pero ¿realmente se trataba de una costilla?

Desde hace siglos esta pequeña parte del cuerpo de Adán ha sido objeto de estudio por parte de traductores y lingüistas de todo el mundo y todaví­a hoy surgen nuevas teorí­as.

Una de las teorí­as que encontramos tiene que ver con la mitología sumeria. Se cree que muchos de los mitos sumerios fueron adoptados por los judíos, siendo un ejemplo de ello el mito de la creación. Se suma a esto la dificultad de la escritura cuneiforme, utilizada por los sumerios, en la que algunas palabras tenían un significado distinto dependiendo del lugar del texto en el que se colocaran. El problema surge a raíz de la palabra TI que significaba o ‘el poder de dar la vida’ o ‘costilla’. Si bien en el mito sumerio adoptaba el primer significado, se tradujo en la Torá como ‘costilla’.

Si tomamos en cambio la palabra hebrea tselá, encontramos que se trata también de una palabra polisémica cuyo significado dependerá del contexto en el que se encuentre. Así­, puede significar ‘costilla’, pero también ‘flanco’, ‘lado’, ‘banda’ o ‘costado’.

EL FRUTO PROHIBIDO

Y seguimos con Adán y Eva. Al pensar en el fruto prohibido, lo más habitual es que nos venga a la mente una manzana, y es que es así­ como se ha venido representado en muchas obras de arte. Sin embargo, la Biblia se refiere a un fruto, sin especificar cuál.

Dios ordena a Adán y a Eva no comer del fruto del árbol del bien y del mal: «De cualquier Árbol del jardí­n puedes comer, mas del Árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el dí­a que comieres de él, morirás sin remedio» (Génesis 2:16-17).

Cuando se tradujo la palabra mal al latí­n vulgar, se utilizó la palabra malum, que puede significar ‘mal’ o ‘manzana’. He aquí­ el error, que se popularizó tanto que ha prevalecido a lo largo de los siglos.

EL CAMELLO CONTORSIONISTA

En el Evangelio de san Lucas (Lucas 18:18-30), Jesús contesta a un rico: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios».

Es cierto que las palabras de la Biblia a menudo son una metáfora o una exageración para explicar una situación. Sin embargo, ¿por qué un camello?, ¿es un error de traducción?

Existen tres teorí­as distintas sobre este versí­culo de la Biblia:

  1. La respuesta más sencilla es que se trata de una hipérbole y, por lo tanto, la traducción es correcta.
  2. «Ojo de aguja» era el nombre que recibí­a una puerta pequeña que se hallaba en otra puerta mucho más grande en la entrada de la ciudad. En las ciudades amuralladas se utilizaba este tipo de puertas, de manera que pudieran pasar por ella las personas, pero no carros o animales de carga (como los camellos).
  3. La palabra gamla en arameo se traduce como ‘camello’ y como ‘soga’. Además, la palabra que significaba ‘camello’, kamelos, es muy similar a la palabra que significaba ‘soga’, kamilos. La verdad es que parece que tiene más sentido la comparación de una soga con un hilo, que es lo que normalmente pasarí­a por el ojo de una aguja.

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