No me juzgues, que no te entiendo

En un momento en el que cada vez es más evidente la necesidad de hacer más accesible el lenguaje jurídico para todo el mundo, se agradece la publicación de libros como Noticias, las justas (Wolters Kluwer). Esta obra, dirigida por Sergio Martín y escrita por periodistas, juristas y divulgadores, se propone, entre otros retos, el de abrir caminos para acercar el lenguaje jurídico a la sociedad. Nos ha interesado especialmente porque en SinFaltas llevamos tiempo pensando en estrenar una sección lingüístico-jurídica para explicar distintas cuestiones relacionadas con la lengua utilizada en los textos legales. Y este puede ser un buen momento.

Simplificar la lengua jurídica es algo deseable y suena bien, pero no es del todo sencillo. Tomando como base Noticias, las justas, analizamos aquí la cuestión por medio de 5 preguntas: ¿por qué hay que hacerlo?, ¿qué se puede hacer?, ¿quién puede o debe hacerlo?, ¿cómo habría que hacerlo?, ¿qué se está haciendo ya?

1. ¿Por qué hay que hacerlo?


Estamos en una sociedad en la que todo el mundo opina de todo. Si no se explica o no se entiende bien lo que ocurre, se pueden ofrecer datos que dañan la imagen, como ocurre con la llamada pena del telediario (capítulo de María Eizaguirre de Noticias, las justas), es decir, la justicia impartida por la actualmente poderosísima opinión pública. Un ejemplo claro de intento de que un término no confunda a los no entendidos ha sido el de la sustitución del término imputado por investigado, que suena menos fuerte (ver p. 38).

Pero, además de para entender bien la justicia que se imparte a los demás, es crucial hacer lo posible para que cada uno pueda entender bien la justicia que le afecta directamente. Es verdad que el desconocimiento de las leyes no exime del deber de cumplirlas, pero, para poder cumplir las leyes, debe ser posible entenderlas. Y, claro, el problema no es solo que se utilicen tecnicismos o expresiones complejas —algo que se podría solucionar enseñando derecho en los colegios—, el problema es que en el mundo jurídico se tiende a utilizar un lenguaje oscuro y ambiguo —a veces intencionadamente— que en muchas ocasiones no entienden ni las personas que pertenecen a ese mundo. Esto genera desamparo, malentendidos y desconfianza.

 2. ¿Qué se puede hacer?


Ya hemos hablado en el blog de ciertos arcaísmos en la lengua jurídica, como el uso del futuro de subjuntivo. También hemos hablado sobre el uso de locuciones latinas como las que abundan en las leyes. Si a lo arcaico de la lengua jurídica le sumamos los descuidos ortográficos —en un contexto en el que una coma mal puesta puede ser crucial— y la farragosa redacción de sentencias y otros textos, no cabe duda de que hay mucho que hacer.

A este respecto, Almudena Vigil, en el capítulo «Derrumbando el muro de la incomprensión legal», explica que, para empezar, se debería simplificar la redacción de las leyes, su sintaxis. No es que las leyes sean complicadas, es que son confusas, con «frases interminables y sin puntos». Pone un ejemplo extremo de una sentencia de 1981 que contenía un párrafo de cuatro páginas (p. 157). También se debería tratar de emplear un léxico más claro y cercano, es decir, se debería «clarificar el lenguaje jurídico». Almudena cuenta que, por ejemplo, en Alemania no solo juristas, sino también filólogos supervisan el lenguaje jurídico. Entre las expresiones poco claras entran todas las que están en latín. Aunque alguien como yo diría que lo ideal sería que se estudiara latín en el colegio, es comprensible que, ya que no se ha estudiado, se pida que se traduzcan estas expresiones. Además, puesto que es imposible leerse todas las leyes, sería bueno que se publicaran resúmenes y extractos.

3. ¿Quién puede o debe hacerlo?


Hay dos posturas: se puede pensar que el problema es de la justicia o que el problema es de los ciudadanos. En artículos como «Señoría, no le entiendo» de Elena Álvarez Mellado, se defiende que son los textos jurídicos los que deben ceder. Pero también cabe pensar que es deber del ciudadano formarse, o de los centros de enseñanza formar a los ciudadanos. Almudena Vigil parece alinearse con la postura de que son más bien los profesionales los que deben adaptarse. Así, a los que alegan que los médicos no tienen que andar explicando las enfermedades a los pacientes, les responde que a los pacientes no se les condena por no saber los motivos de su enfermedad, frente a lo que les puede ocurrir a los que desconocen el derecho. Lo ideal es, en cualquier caso, que todos los que estén involucrados en la redacción de textos jurídicos o que tengan que ver con este mundo colaboren.

En cuanto a la transmisión de la información jurídica, asumiendo que las noticias se deben publicar cada vez más rápido en un mundo en el que impera lo breve, hace falta gente con conocimientos previos para poder abordar una determinada cuestión con rigor a pesar de tener que hacerlo rápido y en muy poco espacio; alguien que sea capaz de explicar leyes en un tuit, por ejemplo. Esta labor la pueden realizar periodistas con amplio conocimiento del mundo jurídico que sean capaces de manejar con prudencia y conocimiento la información jurídica, pero también deben realizarla los órganos judiciales, tratando de adquirir para ello pericia en redes. En Noticias, las justas se dice con razón que la comunicación desde juzgados y tribunales es algo muy beneficioso tanto para la sociedad en general como para la imagen de la propia justicia porque «ayuda a evitar malentendidos y favorece un mejor conocimiento del funcionamiento del sistema que permite comprender situaciones que a veces son vistas con incredulidad».

4. ¿Cómo habría que hacerlo?


Hay que hacerlo bien; sin prisas; con responsabilidad. Sin ganas de llamar la atención —por ejemplo, por medio de titulares atractivos pero engañosos— y mucho menos sin ánimo de confundirSi todo el mundo se esmera en sus escritos, no se irá acumulando el oscurantismo en el lenguaje jurídico en general. Es cierto que ayudaría incluir clases de derecho en el colegio, pero, puesto que de momento hay una gran parte de la sociedad que no las ha tenido, lo deseable sería que todos pusieran su granito de arena para salvar la situación.

Un modo de acercar el mundo jurídico a la gente es, como bien se señala en Noticias, las justas, a través de las redes sociales. Si se forma a la gente en su terreno, será más fácil que se interesen y que aprendan, sobre todo si la información se comparte de una manera eficaz y sencilla. Yo, de hecho, viendo cómo funciona nuestro blog de SinFaltas, recomendaría a los despachos de abogados que no lo tienen ya incluir un blog en su página con información jurídica sencilla e interesante y que la difundan en las redes. E incluso pueden ofrecer un chat para la resolución inmediata de consultas legales —como el que tenemos para las dudas lingüísticas en SinFaltas—. De esta forma, no solo se contribuirá a mejorar la comprensión jurídica, sino que además se pueden conseguir clientes (ver pp. 186 y 187).

5. ¿Qué se está haciendo ya?


No todo es tan negativo: ya se están tomando medidas. En su capítulo, Almudena Vigil cuenta, por ejemplo, que en 2002 se aprobó por unanimidad en el pleno del Congreso de los Diputados un texto que entre otras cosas contiene un apartado dedicado a «una Justicia comprensible». Además, en 2009 se creó una comisión para la modernización del lenguaje jurídico. Y, más aún: en 2016 se aprobó una proposición no de ley que promueve la creación de un mecanismo «que permita que todas las iniciativas legislativas sean revisadas siempre antes de su aprobación, a fin de examinar el lenguaje jurídico utilizado y adecuarlo a una mejor comprensión por los ciudadanos».

Asimismo, muchos bufetes de abogados, así como el propio Consejo General de la Abogacía Española, ya están apostando por la comunicación en redes.

Y, por si fuera poco, la RAE ha publicado el Diccionario del español jurídico, que se puede consultar de forma totalmente gratuita en línea. A esto se suma la reciente aparición del más que recomendable —y no lo digo por decir— Libro de estilo de la Justicia, de la RAE y el CGPJ. En él se recogen una gran cantidad de recomendaciones ortográficas, gramaticales y léxicas fundamentales para evitar malos usos de la lengua y para unificar todas las cuestiones lingüísticas que atañen a los textos legales.

Como se ve, si de verdad se quieren derribar los muros que dificultan la comprensión de los textos jurídicos, medios, propuestas y oportunidades hay; si encima libros como Noticias, las justas hacen visible esta necesidad y ofrecen soluciones para acabar con ella, creo que vamos por el buen camino, un camino que conduce a una situación en la que —no hay que olvidarlo—salimos ganando todos.

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