Cómo se hizo «Lo que el español esconde»

Tanto si ya tienes en tus manos Lo que el español esconde como si lo vas a tener, seguramente te interesen estas curiosidades sobre cómo se hizo.

¿Cómo empezó todo?


Todo empezó con el blog de Gramática para Carmencita, donde Carmen Beotas, en el papel de Carmencita, y yo, en el del Académico, nos cruzábamos preguntas, inquietudes y curiosidades lingüísticas tratadas desde un punto de vista sencillo e ingenuo, pero a la vez técnico. En ese punto y gracias al programa que Blogueros TV tuvo la amabilidad de dedicar a nuestro blog —donde yo sugería que se podía sacar un libro con todo el material que iba saliendo—, pudimos despertar el interés de Vox (Larousse), que finalmente vio en GPC y en el blog de SinFaltas lo que podía ser el tercer número de su colección dedicada a la lengua. Los predecesores en la colección eran nada menos que Palabras mayores (de Alberto Gómez Font, Xosé Castro, Antonio Martín y Jorge de Buen) y Anatomía de la lengua (de Elena Álvarez Mellado).

¿Cómo nació el título?


Puesto que en la concepción del libro pensamos que se podían abordar cuatro circunstancias del español (la temporal, la geográfica, la social y la textual), nos pareció un buen título El español y sus circunstancias. No obstante, pronto lo descartamos por sus posibles connotaciones no lingüísticas y pensamos en otros, como Todo lo que no te contaron del español, El español a escena y el propio Lo que el español esconde. Hay que reconocer que para este último no solo nos inspiramos en el título de la famosa película de miedo Lo que la verdad esconde (con Harrison Ford), sino también en el genial título del libro de mi admirada Mamen Horno, sobre mi también querido tema de las preposiciones (el de mi tesis): Lo que la preposición esconde. Aunque surgieron otras ideas como ¡Pero qué estás diciendo! o Pero ¡qué dices!, al final el libro se quedó con el misterioso título de Lo que el español esconde y con el acertado subtítulo de Todo lo que no sabes que estás diciendo cuando hablas para evitar la posible interpretación de que los españoles escondemos algo.

¿Cuáles son las curiosidades que más me gustan?


Entre otras muchas curiosidades que en su momento me sorprendieron y me gustaron (y que por eso metí en el libro) sigue siendo de mis debilidades la explicación de por qué en inglés se escribe selfie y no selfy. La razón es porque la palabra nació en Australia, donde es típico el sufijo -ie (como en aussie). Lo encontraréis en la página 47 del libro. También me encanta la propuesta de meter una h entre las dos eles para evitar el problema de que no se pueda escribir salle (combinación de sal + le): salhle. Esto lo tenéis en la página 212. Completan mi lista de favoritos los homónimos parasitarios (págs. 178-182), el cras de procrastinar, que en latín significaba ‘mañana, el día siguiente’, de donde viene el significado de procrastinar como ‘dejar para mañana o más adelante’ (pág. 103), y la explicación de que los emoticonos en Asia son distintos que en Occidente porque allí se fijan más en los ojos, como se puede apreciar en la imagen (pág. 237).

¿Qué es lo que creo que puede gustaros más?


Creo que entre los logros del libro está el haber podido presentar muchas curiosidades lingüísticas con rigor, pero de una manera amena y cercana. Así ha sido posible incluir en una misma obra a Lapesa, Corominas o Covarrubias junto a Daddy Yankee, Starbucks® o Lori Meyers, algún fragmento del Quijote o de Quevedo junto a un tuit de Netflix®, versos de Antonio Machado junto a letras de Don Omar, palabras preciosas como quersoneso ‘península’, filipichín ‘lechuguino’ o tritagonista ‘el tercer protagonista en importancia’ (págs. 201 y ss.) junto a otras no tan preciosas como palué ‘resto de comida que se queda entre los dientes después de comer’ (pág. 222).

Pero, sobre todo, creo que lo más valioso es que las cosas se explican o, al menos, se tratan de explicar. ¿Por qué crujir y tejer se escriben con j frente al resto de verbos en -ger, -gir? ¿Y garaje? (pág. 117). ¿Por qué huevo se escribe con h, pero ovalado no? (pág. 123). ¿Por qué no hay que quejarse de que esté almóndiga en el diccionario? (págs. 198-200). ¿Por qué no hay que reírse de los que dicen cocreta? (págs. 104-108). ¿Por qué es justificable que alguien diga miembra? (pág. 157). Y mucho mucho más.

¿Qué se ha quedado fuera?


Como es lógico, todo lo que esconde el español no podía caber en un solo libro. Aún queda mucho material para una posible segunda parte. Por ejemplo, ¿por qué el nombre de la Juventus se escribe con j si en italiano no hay j? Quedaron también fuera fenómenos geniales, como el de los prefijos que se convierten en palabras (ex o bi). Además, veo ahora que dejé fuera el asombroso origen de mamotreto, que literalmente significa ‘criado (threptos) por su abuela (mamme)’, de ahí que un mamotreto sea algo grande, porque las abuelas nutren bien. Y no entró por poco el curioso origen del nombre de Condoleezza (Rice), que vendría de una mala lectura del término musical con dolcezza (‘con dulzura o suavidad’ en italiano). Pero no os preocupéis: como estas hay muchas historias trepidantes en Lo que el español esconde. Por ejemplo, ¿quién era Paparazzo, el primer paparazzi?, ¿quién era Duncan Dhu?, ¿qué tiene que ver el flamenco —el cante o baile— con las aves del mismo nombre?, ¿cuál es el origen del doble significado de bizarro?, ¿por qué el plural del español termina en -s?…

Colaboradores


Por supuesto, no habría sido posible escribir este libro sin ayuda. Y vaya si la he tenido. Desde los profesores de mi colegio (el Recuerdo) hasta el apoyo y los ánimos de la editorial y de Sofía Acebo, mi descubridora, así como de SinFaltas y de Josema (Serrano), mi otro descubridor (sin olvidar a Carmencita). Mis compañeros de la RAE no se quedan cortos. Al margen del conocimiento general del que me permiten empaparme todos los días en el departamento, me aportan datos increíbles como, sin ir más lejos, que Sant Cugat es san Cucufato en castellano (pág. 118). O, por ejemplo, cuando ya pensaba que ninguna palabra escondía el número 9, Eduardo Vallejo me descubrió yakuza (pág. 63). Por su parte, Diego Varela Villafranca me obsequió con los maravillosos homónimos parasitarios (págs. 178-182), además de los malapropismos (págs. 176-178), las parafasias canoras (pág. 178) y la explicación de por qué las huchas tienen forma de cerdito. También mi querida M.ª Ángeles Blanco Izquierdo me regaló, entre otras muchas cosas, el origen de Villarroya y su relación con haya (pág. 122). Fuera del departamento hay que agradecer especialmente la idea de los bugs ortográficos a Xosé Castro (págs. 211-221), y a mi hermano Antonio tengo que agradecerle, entre tantas cosas, que me ayudara con una de las tablas que aparecen en el libro (la de la página 50, seguramente la mejor).

¿Quién se ha encargado del diseño?


Por último, hay que dar las gracias a quienes han diseñado el libro. Creo que ha quedado bastante bonito y apetecible. Parte de la culpa la tiene Malagón, el diseñador de una ñ que, sin duda, le da un toque genial al libro. Pero no menos culpa tiene Víctor Gomollón, quien se ha ocupado —creo que con mucho acierto— del diseño de cubierta, el diseño de interiores, el tratamiento de imágenes y la maquetación.

Ah, y por si alguien se lo pregunta, la foto en la que aparezco en el libro me la hizo Silvia (ver agradecimientos del libro) en Chinchón (Madrid), y, sí, salgo con la misma camisa que en el programa de Blogueros TV. Lo de los brazos cruzados es porque he descubierto que así salgo mejor. Si sois de los que generalmente salís mal en las fotos, os recomiendo que probéis la postura.

En fin, como veis, en este libro no solo se esconde un buen puñado de curiosidades del español, sino muchas otras historias y anécdotas que no hacen más que constatar lo mágico que es el mundo de los libros. Espero que Lo que el español esconde os transmita esa magia y ese gusto por los libros y por las palabras.

2 Comentarios
  • José Luis Alba Santos
    Posted at 14:51h, 25 marzo Responder

    Gracias por el libro tanto al autor como a mi hija pequeña que me lo echó de regalo para el Día del padre. Muy divertido y bien documentado. Su lectura es un verdadero placer para quien como yo, disfruta de la comprensión de la lengua castellana…

    • Juan Romeu
      Posted at 20:31h, 25 marzo Responder

      ¡Muchas gracias a ti! Un saludo.

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