Las 10 mejores comas de la poesía en español

Las 10 mejores comas de la poesía en español

Presentamos aquí las 10 mejores comas de la poesía en español y algunas comas imprescindibles más.

1. La coma de «Intelijencia, dame»

Con el rotundo vocativo intelijencia (con j), Juan Ramón Jiménez empieza uno de sus poemas más conocidos:

¡Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!

Como se explica en la Ortografía de la lengua española de la RAE (en adelante, OLE), los vocativos (es decir, los nombres con el que nos dirigimos explícitamente al receptor) deben ir delimitados por coma.

Otros vocativos fundamentales en la poesía en español son el de «Ven, muerte, tan escondida que no te sienta venir», el de «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» o «Palacio, buen amigo» (ambos de Antonio Machado), el de «que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero» o el de «Andaluces de Jaén, / aceituneros altivos, / decidme en el alma: ¿quién, / quién levantó estos olivos?» (de Miguel Hernández) o el de «¿no es verdad, ángel de amor, / que en esta apartada orilla…?» de Don Juan Tenorio de Zorrilla.

2. La coma de «Ya que así me miráis, miradme al menos»

Gutierre de Cetina nos regaló un precioso poema que contiene en su último verso una causal antepuesta que se debe delimitar con coma:

Ojos claros, serenos,
Ya que así me miráis, miradme al menos.

En la OLE se explica el uso de la coma con los distintos tipos de causales.

3. La coma de «polvo serán, mas polvo enamorado»

Salvo en casos como lento pero seguro, se debe poner coma delante de pero y, como se explica en el Blog de lengua, de otra conjunción adversativa como mas. No cabe duda de que la coma antes de mas de este verso y del anterior en el poema Amor constante más allá de la muerte de Quevedo son de las más famosas de la poesía española:

… serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Otra renombrada coma antes de conjunción adversativa, en este caso antes de pero, es la que aparece en la Rima IV de Bécquer:

Podrá no haber poetas, pero siempre
¡habrá poesía!

Y no podemos olvidar la de uno de los grandes versos de la poesía, la del Poema XX de Neruda:

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

En este caso la coma viene exigida, además de por el pero, por la presencia de es cierto.

Sin abandonar las adversativas, nos encontramos con el impactante y famosísimo uso de sino seguido de verbo (hoy diríamos sino que vuela), con su correspondiente coma, de la Canción del pirata de Espronceda:

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.

4. La coma de «Juventud, divino tesoro»

En uno de los poemas que de forma más amarga habla del paso del tiempo, Rubén Darío describe en una aposición de dos palabras lo que supone la juventud para el que ya la perdió. Este tipo de aposiciones van entre comas:

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer.

Esta estrofa nos deja también una conveniente coma tras una oración con cuando.

Otro caso de aposición es la del Romance de Abenámar, que aparece tras otro vocativo imprescindible de nuestra poesía:

¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!

5. La coma de «Por una mirada, un mundo»

No solo es uno de los poemas más conocidos de Bécquer, sino que es que encima se suele poner como ejemplo de coma por elisión de verbo:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.

Aunque en la OLE se recomienda poner la coma de elisión para separar el sujeto de los complementos, en casos como este también es recomendable usar la coma.

Se pueden relacionar con esta las comas que aparecen en estos terribles versos de las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández:

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

6. La coma de «por vos nací, por vos tengo la vida»

La coma más normalucha es probablemente la que aparece en las enumeraciones. Pero se convierte en una coma poderosa cuando aparece en enumeraciones como la del Soneto V de Garcilaso (el que empieza con «Escrito está en mi alma vuestro gesto»):

por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

No menos impacto produce la coma en el último verso de la estrofa del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz:

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Más protagonismo tiene la coma cuando consigue que se prescinda de la y en los casos de asíndeton. Se ve en «las bárbaras, terribles, amorosas crueldades» que se dicen «cuando se miran de frente / los vertiginosos ojos claros de la muerte», según Gabriel Celaya, o cuando Góngora dice que todo se convertirá «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada», o cuando Pedro Salinas escribe Yo te quiero, soy yo. Miguel Hernández muestra un dominio total de este recurso en su famoso poema, cantado por Serrat o Joan Báez, entre otros:

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Pero es que Miguel Hernández es capaz de conseguir un efecto espectacular tan solo uniendo dos elementos iguales por medio de la coma:

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

No se debe confundir este caso con el de reduplicaciones enfáticas del tipo de Está rico rico, que no llevan coma.

Además, aunque algunos crean que no, la coma puede incluso aparecer delante de y, como en estos versos de Santa Teresa:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.

En este poema muchos ponen coma después de espero para separar los dos miembros de la consecutiva, pero, como se indica en la OLE, no sería correcto. Sobre los casos en los que es correcto escribir coma antes de y tienes información en las páginas 324 y 325 de la OLE. Como allí se indica, también se pueden poner comas delante de conjunciones en el caso contrario a los de asíndeton, es decir, en los casos de polisíndeton. Así empieza Rosalía de Castro uno de sus poemas de En las orillas del Sar:

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros…

7. La coma tras «¿Qué es poesía?»

Otra coma fundamental de Bécquer es la que separa una cita entre comillas del comentario del narrador en su Rima XXI:

«¿Qué es poesía?», dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.

Tienes información sobre esta coma en la página 375 de la OLE.

8. La coma antes de «que es el morir»

Las comas que delimitan a las relativas explicativas frente a las especificativas son un clásico de la ortografía. Tenemos la suerte de que en una de las estrofas más conocidas y profundas de nuestra poesía aparecen los dos tipos de relativas. Es en las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.

Rubén Darío nos regala un par de relativas explicativas en otra estrofa universal:

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

Y tenemos una relativa con do (‘donde’) en uno de esos sonoros romances que aprendíamos de pequeños:

En Santa Gadea de Burgos, do juran los hijosdalgo,
allí le toma la jura el Cid al rey castellano.

9. La coma de «qué tengo yo, que mi amistad procuras»

Acabamos de ver el uso de coma delante de que en las relativas explicativas. Aunque en las subordinadas sustantivas y en las consecutivas como la de Santa Teresa no se pone coma delante de que, la coma ante que sí es necesaria en otros casos. Por ejemplo, cuando que introduce una consecuencia como la del verso de Lope de Vega dirigido a Jesús:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

Otra coma necesaria antes de que es la de causales como la que aparece en el tan breve como conocido poema de Juan Ramón Jiménez:

¡No le toques ya más,
que así es la rosa!

Y una de las más dolorosas es la del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca:

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

10. La coma tras «Si mi voz muriera en tierra»

En la OLE se recomienda separar con coma la prótasis condicional (el segmento encabezado por si) cuando no es breve. Alberti impresionó empezando con este verso uno de sus poemas de Marinero en tierra:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Otras comas que delimitan prótasis condicionales claves en la poesía en español son las de Si el amor, como todo, es cuestión de palabras, / acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma (de García Montero) o si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido (de Cernuda).

No se pone, en cambio, coma cuando la prótasis aparece detrás. Así, quien la considera una construcción condicional normal no pone coma en el famoso verso del Cantar de mio Cid:

¡Dios, qué buen vasallo  si oviesse buen señor!

Y con este ejemplo sin coma llegamos al final. Por supuesto, esta es solo una pequeña colección de algunas de las mejores comas de la poesía en español. Seguro que tú conoces muchas más. Si es así, no dudes en compartirlas con nosotros. Yo, para terminar, añado un último caso de comas, en este caso para marcar un inciso, que aparecen en un par de bellos versos de José Ángel Buesa:

… no hay amor, por triste que haya sido,
más triste que el que nunca pudo ser.

Y de postre un poema cargado de fuerza y comas:

3 Comments
  • G. Gómez
    Posted at 13:13h, 04 Abril Responder

    Genial entrada. Solo apunto un descuido en el punto 6: el último verso del soneto “Amor costante más allá de la muerte”, que no es de Góngora…

  • G. Gómez
    Posted at 16:22h, 04 Abril Responder

    Es verdad. Descuido mío, entonces :)

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