Números ocultos en la lengua (I)

Números ocultos en la lengua (I)

Las lenguas esconden muchos misterios. Uno de ellos es su propio origen, pero hay más. Aquí iniciamos la búsqueda de los números ocultos que hay en nuestra lengua, números que por evolución o préstamo se esconden más allá de las letras. Empezamos con los 10 primeros.

1: monarquía, protoindoeuropeo, centollo, lehendakari, primo
El número 1 se ve fácilmente en palabras como unirúnico, unicornio, uniforme, etc., pero está oculto en muchas expresiones que indican que algo es lo primero. Por ejemplo, se oculta en palabras con mono- como monarquía, donde mono- indica ‘uno solo’ (procedente de una raíz protoindoeuropea *men- con el significado de ‘pequeño, aislado’). unoTambién se esconde el 1 precisamente en el proto- de protoindoeuropea y en el de otras palabras formadas con este elemento, que viene del griego protos ‘primero’.

Además, podría explicarse su origen a partir de otra protolengua —en este caso el protocelta— la palabra centollo, que podría haber nacido de *kĭntu- ‘primero’ y *ollos ‘grande’.

Y también en la palabra vasca lehendakari (adaptada al español como lendakari) se esconde el número 1. En vasco lehen significa ‘primero’.

Se detecta más fácilmente el 1 en primo ‘hijo del tío de alguien’, pero no resultará tan fácil adivinar por qué se llama así a este pariente. En latín el primo era el consobrinus primus (literalmente ‘primo primero’), expresión que luego se redujo a primus.


2: duelo, bisílabo, Baréin, deuterio
El número 2 se intuye, por ejemplo, en duelo, que en su origen significaba ‘guerra, combate’, pero que por influencia de duo2‘ tomó el sentido de ‘entre 2‘, algo parecido a lo que ha pasado con diálogo (‘plática entre dos o más personas’), donde dia-, que en verdad significa ‘a través’, para algunos indica 2. dosDuellum pasó a bellum (cf. bélico, por ejemplo), igual que duis pasó a bis (de ahí el bi- ‘2’ que vemos en palabras como bisílabobigoleador).

También se esconde el número 2 en Baréin. El nombre del país asiático significa literalmente ‘los dos mares’, puesto que Bahrayn es la forma dual de bahr ‘mar’. Y es que, aunque en español, en principio, tenemos solo singular y plural para el número, otras lenguas tienen también dual, trial y más formas para expresar números más concretos de cosas.

Y también está oculto el 2 como ordinal, es decir, como ‘segundo’ (de secundum ‘el que sigue’, a partir de sequi ‘seguir’) en las palabras que proceden del griego deuterossegundo‘, como en deuterio ‘isótopo del hidrógeno 2 veces más pesado que el hidrógeno ordinario’ o en la precisa y preciosa palabra deuteragonista ‘segundo protagonista’.


3: trébol, trenza, trabajar
Cualquiera que se fije un poco detectará por forma y significado el número 3 en palabras como trébol (del griego triphyllon3 hojas’) o trenza. tresIncluso lo verá en terciopelo (tejido formado por 2 urdimbres y una trama).

En cambio, el 3 no se ve de manera tan transparente en trabajar. La palabra trabajar (y, a partir de esta, trabajo) viene, según el DLE, «del latín vulgar *tripaliāre ‘torturar’, derivado del latín tardío tripalium ‘instrumento de tortura compuesto de 3 maderos’», al cual, según Corominas, se ataba al reo.


4: cuaderno, carillón, arroba, lauburu
El 4 es otro número que se percibe fácilmente en algunas palabras, como cuarto, cuartel, cuadrado, cuadro, cuadra e, incluso, descuartizar. cuatroMás difícil es verlo en cuaderno, según el DLE procedente del latín medieval quaternus, que a su vez procede de quaterni ‘de 4 en 4‘, porque los cuadernos constaban de 4 pliegos.

Tampoco es fácil ver el 4 en carillón (que tiene su origen latino en quaternio ‘grupo de 4 objetos’, porque antiguamente el carillón se componía de 4 campanas).

Y es aún más comprensible no detectar el 4 en arroba, que viene del árabe clásico rub‘ ‘cuarta parte’ (en árabe ʾarbaʿa es ‘4’) porque era la cuarta parte de un quintal; como tampoco es fácil detectar el 4 en lauburu, nombre vasco del simbolito que se ve en la imagen con 4 brazos o, mejor dicho, 4 cabezas, que es lo que significa literalmente la palabra (de lau ‘4’ y buru ‘cabeza’).


5: quiniela, esguince, ponche
Aparte de en el prefijo penta- (con el mismo origen que el latín quinque: *pénkʷe), el número 5 está oculto en quiniela, que, según el DLE, viene de quina ‘acierto de 5 números en la antigua lotería vieja’, del latín quina, neutro de quini ‘de 5 en 5‘, ‘5 cada uno’.cinco Además de usarse para la apuesta, quiniela significa ‘juego de pelota entre 5 jugadores’.

La presencia del 5 es más difícil de apreciar en esguince. No se suele saber que en latín vulgar exquintiare (que dio esguinzar y esguince) era ‘rasgar, desgarrar’ o más propiamente ‘partir en 5 pedazos’.

Y ya encontrar el 5 en ponche es tarea casi imposible. Parece que ponche procede del inglés punch, y este del hindi pãč ‘5’, por el número de ingredientes que la bebida tenía en sus orígenes.


6: siesta, bisiesto, asestar
El número 6 está bien oculto en la palabra siesta. En latín la sexta hora correspondía al mediodía (se empezaba a contar desde las 6 de la mañana). Según Covarrubias, sestear era «reposar a la sombra en la hora sexta, que es la del mediodía». seisLuego se empezó a usar siesta para referirse al sueñecito que uno se echa después de comer (aunque también hay siestas antes de comer).

Tiene que ver también con el tiempo el 6 escondido en bisiesto. Según Corominas, el bisextus era el día que se añadía en los años bisiestos entre el 24 y el 25 de febrero. Como el 24 de febrero era llamado sextus (por ser el sexto día antes de las calendas —o primer día— de marzo) y el día añadido era como un 24 de febrero repetido, se llamó a este último bis sextus.

Aún más oculto está el 6 en asestar. De acuerdo con Corominas, podría venir de siesto ‘sitio natural de una cosa’, a partir de sextus, en el sentido de ‘sexta parte del círculo’, ‘blanco de puntería’.


7: semana, septentrional
A pesar de que por su significado se podría deducir, el número 7 se oculta bien en la palabra semana. Esta voz procede del latín septimāna ‘conjunto de 7‘ (cf. español antiguo y catalán setmana).

No tan oculto está el 7 en septentrional ‘del norte’, pero sí puede resultar misteriosa la presencia del 7 en una referencia al norte. 1280px-flag_of_the_community_of_madrid-svgResulta que los septentriōnes eran las 7 estrellas de la Osa Menor (donde está la estrella polar que marca el norte en el hemisferio boreal). Esta palabra vendría, según se dice, del latín septem7‘ y trio, -ōnis ‘buey de labor’, como si las 7 estrellas fueran bueyes. Pero también hay quien dice que septentriōnes podría venir de *septemstrio, donde strio tendría que ver con la raíz indoeuropea ster ‘estrella’. En cualquier caso, estas 7 estrellas son las que aparecen, por ejemplo, en la bandera de la Comunidad de Madrid (diseñada por José María Cruz Novillo, el mismo que creó los logos del puño y la rosa del PSOE, El Mundo, Renfe, la Cope y muchos más).


8: zorcico, Tuvalu
No es sencillo encontrar palabras que oculten el número 8, con excepción de aquellas que presentan la secuencia oct- (como octubre, que corresponde al 8 conforme al antiguo sistema de meses, por lo mismo que septiembre, noviembre y diciembre corresponden al 7, 9 y 10). ochoPara encontrar alguna palabra, hay que recurrir al vasco e, incluso, a una lengua polinesia.

El 8 en vasco es zortzi, palabra que dio zortziko, en castellano zorcico ‘composición musical en compás de 5 por 8, popular en el País Vasco’. En vasco zortziko significa literalmente ‘octava’, por los 8 compases de cada una de sus partes.

Y la palabra polinesia en la que se esconde el 8 es Tuvalu, el nombre del país. Significa literalmente algo así como ‘8 juntas’ en tuvaluano, porque este país antes solo tenía pobladas 8 de las 9 islas que hoy aparecen como estrellas en su bandera.


nueve9: yakuza
Con el número 9 se puede encontrar una palabra que escondería, además, otros dos números, de ser cierta la teoría sobre su origen. Se dice que yakuza (la palabra con la que se conoce a la mafia o crimen organizado en Japón) podría venir de ya ‘8’, ku ‘9’ y za ‘3’. Estos tres números corresponden a la peor jugada posible en un famoso juego de cartas japonés, el oicho-kabu, parecido al bacarrá.


10: once, dinero, amarraco
Y llegamos finalmente al número 10. Este número se ve nítidamente en el nombre de los números que empiezan por dieci- como dieciséis, pero no tanto en el de los que terminan en -ce como once. Los que hayan visto Stranger things en español habrán oído mucho este ce. diez¿De dónde viene? Es una simplificación del dĕcim que se añadía para formar esos números en latín: undĕcim, duodĕcimCuriosamente, aún está recogida en el diccionario la antigua forma sece para el 16, de sedĕcim (como seize en francés).

También se oculta el 10 en dinero. Esta palabra procede de denario, como bien se explica en este artículo del Blog de lengua. Denario a su vez viene del latín denarius, derivado de deni ‘cada 10‘ (el denario equivalió a 10 ases).

Finalmente, en el DLE se dice que amarraco (o amarreco) procede del vasco amarr10‘. No obstante, parece que los amarracos equivalen a 5 piedras (aunque algunos llamemos amarraco a cada piedrecita) y no a 10. La explicación podría estar en que amarr en vasco también se usaba para el 5 por la curiosa razón que se explica a partir de la página 713 de este artículo, esto es, porque amarr se usaba con el sentido de ‘fin’ y, dependiendo de si se contaba con una mano o con dos, el fin podía ser el 5 o el 10.


Y aquí dejamos por ahora la cuenta. Como se ha podido ver, hay muchos números ocultos en la lengua. Incluso el propio concepto de número se esconde, por ejemplo, en sudoku (del japonés ‘número’ y doku ‘solo’). En la siguiente entrada veremos en qué palabras se esconden más números, como el 12, el 25, el 100, el 1000, el 10000 o, incluso, el 365.

1Comment
  • Miguel A. Román
    Posted at 08:08h, 04 noviembre Responder

    También encontramos el tres en:
    Terno, conjunto de tres piezas de vestir coordinadas: Chaqueta, chaleco, pantalón.
    Trivial, perteneciente al ‘trivium’, conjunto de las tres disciplinas de la elocuencia (dialéctica, gramática y retórica), mientras que las matemáticas se incluían en el ‘quadrivium’. Un problema matemático tan simple que pudiera entender incluso alguien que no hubiera seguido el quadrivium, era por tanto “trivial”.
    Trifulca, del latín trifurcus, pieza de tres puntas o cruce de tres caminos. Tal vez llegue a ser ‘pelea violenta’ cuando participaban en ella al menos tres indivíduos o tres opiniones contrapuestas.

    Y falta, porque no se ha llegado hoy hasta ahí, el cien:
    Hecatombe, de Hecaton-be (bos), cien bueyes. Cuando el oráculo decía que, para aplacar la ira de los dioses, hacía falta sacrificar hasta cien bueyes es que la cosa era ya una “hecatombe”.

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