5 conclusiones curiosas que se desprenden del proyecto Aracne

5 conclusiones curiosas que se desprenden del proyecto Aracne

Se han publicado estos días los resultados del proyecto Aracne, «un estudio sobre la variación de la riqueza lingüística en la prensa española desde 1914 hasta 2014», llevado a cabo en los últimos meses por Fundéu y Molino de ideas.

Así, hemos podido tener acceso a algunos datos curiosos sobre la evolución del uso del léxico de nuestra lengua en un campo tan dependiente de la actualidad como es el periodístico.

pesetaAlgunos de los resultados obtenidos son lógicos, como el descenso en el uso de peseta o el creciente uso de islámico; otros resultados son más o menos esperables, como la caída en el uso de tratamientos como don o señor, pero otros resultados son llamativos, como la drástica caída del uso de los superlativos o el destacado uso de socialismo frente al nombre de otras ideologías.

Aun así, lo que sin duda ha llamado más la atención es el haber comprobado que la riqueza léxica en los medios se ha mantenido más o menos estable desde 1914.

Aquí queremos comentar brevemente esta y otras conclusiones curiosas que se desprenden del estudio del proyecto Aracne.

1. La lengua en los periódicos sigue siendo igual de rica (o de pobre)


El número de palabras distintas que se usaba hace un siglo en los periódicos es similar al actual. Esto sorprende a quienes nos quejamos de que el nivel lingüístico de los periódicos sea bastante bajo comparado con el de otras épocas. Pero, al menos en variedad de palabras, se ve objetivamente que el nivel es más o menos el mismo.

A esto, no obstante, se le pueden poner algunas pegas como que es verdad que el nivel no ha bajado, pero que esto se debe a que la lengua ya era pobre antiguamente. También se puede pensar que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad, y que ahora puede que siga habiendo una gran variedad de palabras, pero no se cuida la precisión léxica. O que la variedad podría deberse a algo tan simple como que las nuevas tecnologías han hecho que existan más objetos en la realidad, teniendo en cuenta que el nombre, con un 28,7 %, es la categoría que más aparece en el corpus; para comprobar esto, habría que ver si ha disminuido, por ejemplo, la variedad de adjetivos, para lo cual el descenso del uso de superlativos podría ser una pista.

En cualquier caso, los datos sorprenden.

2. Siempre ha habido extranjerismos


Al margen de la cuestión de la riqueza léxica, al hurgar entre los artículos que se publican en la página del proyecto Aracne, se encuentran muchos extranjerismos crudos, algunos de los cuales actualmente ya se han adaptado. 1929-Packard-and-the-Graf-ZeppelinHay ejemplos de cine, skis, Zeppelin e, incluso, de photomaton.

También se pueden ver extranjerismos usados para referirse a cosas para las que el español ya tenía una palabra, algo de lo que tanta gente se queja ahora. Se pueden encontrar así palabras como sportsmen, para ‘deportistas’, o lunch, para ‘merienda’ o ‘refrigerio’. Esta última llegó a estar en el Diccionario de la RAE desde 1927 hasta 1989. Sportsman duró menos.

A los que sufren por la entrada masiva de anglicismos quizá estos dos últimos casos les den esperanzas de que tarde o temprano los préstamos innecesarios acaban desapareciendo. En otros casos, sin embargo, a pesar de las quejas de algunos —gente que protesta ha habido siempre— hay palabras con las que nadie ha podido, como se ve, por ejemplo, en que la palabra docudrama se sigue usando, a pesar del artículo en el que Umbral protesta vehementemente contra Amestoy por haberse inventado la palabra sin tener en cuenta que «el diccionario somos todos, como Hacienda».

3. Siempre ha habido problemas con las adaptaciones


Asimismo, se ve que un problema tan habitual hoy como es el de las adaptaciones, ha estado siempre presente. basquetEntre los artículos se pueden encontrar palabras que se empezaban a intentar adaptar: stok, por stock, Stokolmo (de la que se pueden encontrar en CORDE otras formas como Stockholm, Stocolmo, Estokolmo o Stockholmo), desnacificación, por denazifikation, o basquet, usado tanto para el deporte como para la canasta.

Y es que adaptaciones ha habido siempre. Los que se quejan de bluyín deben ser conscientes de que también en su momento a la gente le resultarían raras adaptaciones como fútbol o esquí.

Eso sí, al menos algunos inventos no triunfaron, como el de interviuvar, para ‘hacer una interviú’, que también se puede ver entre los artículos y que, aunque llegó a estar en el Diccionario hasta 1992, finalmente fue desplazado por entrevistar.

4. La ortografía cambia y, en muchos casos, no pasa nada


En muchos de los artículos se ven algunas tildes que ya no usamos, como las de fué, dió, ruína o la de la preposición á. No sé si la gente se quejaría entonces, pero estas tildes se quitaron y no ha pasado nada. ¿Pasará algo si se quitan definitivamente la de los pronombres demostrativos, la de solo o la de guion?

También se ven expresiones como empero, al fin al fin o no es valladar (‘no es óbice’) y pronombres enclíticos en formas de indicativo como apedreáronle que ya no son habituales. Y es que la lengua evoluciona, lo cual, si se trata con cuidado y coherencia, no tiene por qué ser malo.

5. Siempre ha habido faltas de ortografía


Que ahora hay erratas y faltas de ortografía en los medios es indiscutible. Por eso hacen faltas servicios como el de SinFaltas. Pero de ahí a decir que es porque ahora somos más descuidados, ignorantes o displicentes hay un trecho. Siempre ha habido erratas y faltas de ortografía.

Así, en los artículos del proyecto Aracne se pueden encontrar, aparte de erratas, faltas de ortografía como derrivarrecojeré, reextructuraciónlegíaTí, exema (por eccema eczema) o indiosincracia. También se puede ver un jira en lugar de gira, lo cual se puede justificar por la cercanía de significados, igual que sucede con rallarse o puya.

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Así pues, en general, de los resultados y el material del proyecto Aracne se puede concluir que el hecho de que la lengua cambie no tiene por qué ser algo malo (siempre y cuando el cambio no sea a peor). Es necesario, eso sí, controlar los cambios para que siempre vayan dirigidos a enriquecer y mejorar la lengua, nunca para empobrecerla o hacerla más incómoda. Seguramente sea por ese control de las instituciones que velan por nuestra lengua o por el control natural de los hablantes mismos por lo que, como se desprende del proyecto Aracne, desde 1914, a pesar de algunos cambios, el español no se ha vuelto tan «zarrapastroso» como dicen, al menos en los periódicos.

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