La jueza y sus queridis amiguis

La jueza y sus queridis amiguis

Esta semana hemos recibido al menos tres preguntas relacionadas con el género de nombres como presidenta, jefa o jueza. Entre otras cosas, nos preguntaban si es correcto o no usar estos femeninos.

La pregunta de si algo es correcto es siempre peliaguda. ¿Correcto para quién? Si entendemos correcto como aceptado por la RAE, sí, estas formas son correctas. ¿Entonces «la juez» o «la presidente» no son correctas? También. Hay que tener en cuenta que estamos viviendo un precioso proceso de transición en el que es normal que convivan dos formas distintas.

Official Portrait of Justice Sonia Sotomayor

Ahora bien, ¿es adecuado este cambio? Responder a esta pregunta es aún más difícil. En casos como presidenta, jefa o jueza parece que la terminación en a no sería necesaria, pues la -e o la -z no tienen por qué relacionarse con el masculino, como se ve en que existen la gente o la nuez. Aun así, ya se recogen en diccionarios del siglo XIX las formas presidenta o jefa, y no solo con el significado de ‘mujer de’ (la forma jueza, en cambio, no aparece en el Diccionario de la RAE hasta la edición de 1992).

Más sentido puede tener la -a de palabras como médica (forma recogida ya a finales del siglo XIX), pues está más justificado asociar la -o con el masculino: son muy pocas las palabras femeninas que, como mano, terminan en -o.

Tenga razón de ser o no la creación de formas en -a, desde luego la expansión de formas como presidenta o jefa han hecho que suenen raro la presidente o la jefe.

Sea como sea, en los casos anteriores el cambio no es demasiado drástico. El problema llega con los famosos casos de Queridos y queridas amigos y amigas, tema que ha vuelto a ser noticia por las críticas del académico Álvarez de Miranda a este desdoblamiento.

Aunque en este caso también se podría alegar que la -o se relaciona con el masculino, no hay que olvidar que en español el masculino es el género no marcado o por defecto, es decir, el que está más vacío de significado. Por tanto, es el género idóneo para abarcar tanto a hombres como a mujeres (no habiendo en español otro género para hacerlo).

El recurso de utilizar el género no marcado como generalizador nació probablemente como algo natural en la lengua. Sin embargo, por diversos motivos, que pueden tener su justificación, se está dejando de aprovechar este útil método, imponiéndose de manera no natural el desdoblamiento. Que este fenómeno se impone de manera no natural se ve en que la gente que desdobla no lo hace sistemáticamente. Igual que uno jamás diría la presidenta para referirse a un presidente, porque la a indica claramente que se habla de una mujer, el que naturalmente sintiera que la o de Queridos amigos es solo masculina, nunca podría emplearla para ambos géneros. Y, sin embargo, son muchos los casos que se les escapan a los desdobladores.

Demuestra esto, pues, que el desdoblamiento es un cambio no natural impuesto en nuestra lengua. Cambios de este tipo, si bien no son comunes, no tendrían por qué ser malos (sobre todo si con ellos de verdad se garantizara el sentimiento de igualdad). Lo malo es que este es un cambio que hace que el español se vuelva no sé si agotador, pero sí desde luego incómodo. La solución, por tanto, no parece la más acertada.

paper-dolls-14611_960_720Según están las cosas ahora mismo, corremos el riesgo de que se generalice de tal forma el desdoblamiento que, como en el caso de la presidente, empiece a sonar raro usar Queridos amigos referido para hombres y mujeres (como, según dicen algunos, ya les está pasando a sus hijos), y que, por tanto, se asiente esta incómoda e innecesaria multiplicación de palabras. Digo innecesaria porque, si los no desdobladores no sienten la -o como exclusivamente masculina, no se puede pretender que por usar dicha letra estén siendo machistas ni que estén despreciando a la mujer. Esto se podría decir en todo caso de los que, sintiendo la –o como masculina, a veces se olvidan de desdoblar, ignorando, ahora sí, a la mujer (dado que en general los descuidos morfológicos son raros: pocos se olvidarían de poner la -s del plural diciendo algo como Ellos son mi amigos).

Parece necesario, pues, atajar este proceso de cambio, antes de que se asiente en la lengua. Si de verdad nos creemos y queremos aceptar las razones que dan los desdobladores para evitar el masculino como generalizador y puestos a implantar un cambio no natural en nuestra lengua, se podría optar, por ejemplo, por utilizar una vocal neutral como la i para abarcar a hombres y mujeres (y a lo que haga falta). ¿Por qué no optar por un recurso más económico y decir Queridis amiguis? Parecería el juego de solo poder usar una vocal, pero así ahorraríamos tiempo y discusiones. La i, al menos, se puede pronunciar, a diferencia de la x, la @ o el asterisco en Queridxs amigxs, Querid@s amig@s y Querid*s amig*s, opciones que los desdobladores utilizan para que al menos la escritura no se alargue tanto.

¿Quién sabe? La cuestión es que es verdad que muchas veces hace falta un cambio, pero la solución debe estar siempre plenamente justificada y debe ir siempre encaminada a facilitar y mejorar. La extravagante solución que propongo, por ejemplo, tampoco sería muy acertada ni natural, pero, al menos, no sería antieconómica ni poco práctica, y evitaría tener que buscar otras posibilidades, no siempre fáciles ni adecuadas, como la del empleo de términos abarcadores del tipo de profesorado o amistades.

4 Comentarios
  • Rubén Pereda
    Posted at 13:52h, 16 febrero Responder

    En varias ocasiones he visto emplear, en vez de la i, la e para «neutralizar» algunos sustantivos, y creo que esta práctica es bastante común en algunas redes sociales como Twitter. No obstante, ambas letras dan algunos problemas. Por ejemplo, de «chicos» habría que pasar a «chiques», ya que a la e y la i les ha de preceder qu o gu.

    • Juan Romeu
      Posted at 15:11h, 16 febrero Responder

      Sí. Como digo en el artículo, sería una medida extravagante. Lo de «chiques» o «chiquis» no sería un problema, igual que no lo es cuando a partir de «chico» se obtiene «chiquillo», pero en cualquier caso es una solución artificial y no justificada. La uso para equipararla a la del desdoblamiento, también innecesaria y artificial, pero con el añadido de ser antieconómica, frente a la de «queridis amiguis». Si de verdad fuera necesario cambiar el sistema, que no lo es, habría que buscar una solución mejor.

  • Diego Pozas
    Posted at 19:05h, 05 abril Responder

    Respecto al uso de “la médica” y similares, me pregunto si la misma gente que cree que “la médico” discrimina a las mujeres también cree que “el futbolista” discrimina a los hombres, ya que termina en -a y según ese mismo criterio debería ser considerado femenino.

  • Constanza
    Posted at 16:12h, 01 septiembre Responder

    Coincido plenamente en el aspecto de que las soluciones que se están planteando no son adecuadas y por eso no cuajan, además de porque cada cierto tiempo está la RAE con la cantaleta de denostar todos los intentos de cambio que no pasen por sus sabias decisiones: imponernos a todos desde la RAE el dejar de ponerle tilde a algunas palabras no es tan problemático como que grupos feministas de fuera de la RAE pretendan imponer cambios en contra de la jerarquía lingüística establecida.

    Pero hay varias cosas que me generan dudas: dos ejemplos que tiene el castellano que permiten poner en cuestión el hecho de que se pueda considerar el masculino tan “vacío de contenido” y también como “género no marcado”. Los que más gráficos me parecen son estos dos (probablemente haya más si se buscan con paciencia):

    1) Se considera el masculino como género no marcado y que incluye a los dos sexos pero en realidad puede funcionar perfectamente como exclusivamente masculino, y es el hablante el que tiene que determinar si en una oración funciona como no marcado o como exclusivamente masculino por contexto. A saber: comparando “Se invita a los padres al partido de fútbol padres contra hijos” o “Se invita a los padres a la reunión para hablar de las calificaciones de sus hijos”, el término “padres” y el término “hijos” hace referencia en ambas estructuras a un conjunto diferente de individuos, que es determinado directamente por el contexto. En ese caso, el fútbol, tan masculino por cultura, es un ejemplo estupendo. Sospecho (aunque no tengo hijos para comprobarlo) que en el segundo caso se ha pasado a hacer un desdoblamiento no tan sospechoso de “no hacer falta”, lo mismo que no ha habido tanto problema en desdoblamiento cuando las antiguas APA pasaron a ser AMPA.

    2) El masculino no funciona siempre como genérico. El caso que he encontrado para ilustrarlo es el de los animales de granja, que por razones económicas (que no lingüísticas) acaban siendo desdoblados sin tanto problema como el que se hace con los humanos. No es lo mismo “tengo 100 toros” que “tengo 99 vacas y un toro” (o que en ese caso sí haga falta crear un término verdaderamente neutro como es el de “reses”) o sirve también para la dupla gallo/gallina.

    Yo no desdoblo porque no me enseñaron a desdoblar y en eso me arrastra la fuerza de la costumbre (también me pasa con la tilde de “solo”, que todavía pienso en ponerla y me sabe mal no hacerlo, e incluso la tilde de “fue” a veces me dan ganas de usarla recordando mis viejos tiempos escolares) y porque también creo que como solución es muy mala. Pero lo que sí me resisto es a que se dé por zanjado el debate con un “siempre ha sido así y no hace falta cambiarlo”.

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